La seguridad del hemisferio y del Mercosur

El heterogéneo escenario de la integración defensiva en Latinoamérica es analizado en un trabajo del investigador Ernesto López. Existen distintos grados de compromiso e integración a las iniciativas de defensa coordinadas por Estados Unidos que son analizados por el actual jefe de Gabinete del Mterio de Defensa argentino. En el caso de América del Sur, en contraste con el TLC-Nafta y la zona centroamericana y del Caribe, no operan en la región acuerdos –de jure o de facto con la potencia regional e incluso existe la expectativa de afianzar una arquitectura ABC, en base a la cooperación Argentina/ Brasil/ Chile, capaz de proveer recursos para la estabilidad y la paz de la subregión.


Algunos hechos menos o más recientes han tenido un impacto relevante sobre lo que se podría definir como un aumento de la heterogeneización de Latinoamérica, explica Ernesto López en su trabajo. Es evidente que la firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre Estados Unidos, Canadá y México les ha conferido a estos dos últimos países un status especial. Lo que se ha visto reforzado además, por la decisión de los Estados Unidos de incorporarlos al paraguas protector de la National Missile Defense (NMD). Están comprendidos también en la esfera del U.S. Northern Command (Northcom). A lo que cabe agregar que después de los ataques del 11 de septiembre, ambos han quedado incluidos dentro de la preocupación estadounidense por la homeland security. Vale decir que por razones tanto económicas cuanto de seguridad, ambos países han pasado a ocupar una posición relevante en términos estratégicos para los Estados Unidos.

También la Cuenca del Caribe y Centroamérica han entrado en el horizonte de visibilidad norteamericano relativo a la antedicha homeland security, luego del 11 de septiembre. América Central, por su parte, desde la firma del Tratado Marco de Seguridad Democrática, en diciembre de 1996, ha avanzado en el desarrollo de un modelo subregional de seguridad, integral y único. En diciembre de 2003, además, Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua han firmado un tratado de libre comercio con los Estados Unidos.

Finalmente cabe consignar que Nicaragua, Honduras, El Salvador y República Dominicana han enviado contingentes militares a Irak, que se han incorporado a la Brigada Plus Ultra, comandada por España, lo que revela también la existencia de cierto accionar de combinado.

A diferencia de las regiones y/o países recién mencionados, América del Sur ha desarrollado vínculos menos estrechos con los Estados Unidos. Salvo Chile, que ha firmado un acuerdo de libre comercio con la potencia del norte, ningún otro país de la región mantiene esa clase de relaciones económicas y comerciales. Es incluso posible destacar que en las recientes negociaciones sobre el ALCA, sostenidas en noviembre de 2003, Brasil y Argentina lideraron una posición poco complaciente con las pretensiones de los Estados Unidos.

En materia de seguridad tampoco operan –de jure o de facto- en la región acuerdos o dispositivos como los mencionados precedentemente (homeland security, NMD, etc.). Sólo cabe mencionar que Argentina mantiene el status de aliado extra-OTAN de los Estados Unidos, un resabio del gobierno de Carlos Menem, y que Colombia recibe ayuda militar y económica para enfrentar al narcotráfico y a las guerrillas. Por el contrario, se asiste al desarrollo de iniciativas de nivel regional, como la Declaración de América del Sur como Zona de Paz, o subregional, como la Declaración de Mercosur como Zona de Paz o la firma entre Brasil y Argentina del Consenso de Buenos Aires, de signo autonómico respecto de los Estados Unidos. De modo que el “hemisferio” se presenta hoy como un objeto bastante fragmentado y heterogéneo. Al punto que es posible distinguir con claridad cuatro regiones diferenciadas en términos de problemática estratégica, distinción que coincide con la clásica clasificación geográfica: América del Norte, América Central, el Caribe y América del Sur.

Argentina en el Mercosur

En lo que respecta a la consideración estratégica de los asuntos de seguridad, Argentina ha girado desde una posición de doble asociación estratégica (con Brasil y con los Estados Unidos), a una de asociación sólo con Brasil. Durante el decenio menemista se concibió dicha doble asociación estratégica como un modo de contrapesar influencias predominantes y ponerse a cubierto frente a cualquier eventual situación de conflicto subregional, dado el retroceso experimentado en materia de gasto en defensa.

Hoy, bajo el gobierno de Néstor Kirchner, prevalece la alternativa explícita y recíprocamente declarada de la asociación estratégica entre Argentina y Brasil. Ambos países han avanzado sin estridencias pero sin pausas hacia formas cooperativas de gestión de asuntos de seguridad y defensa. Y parecen comprometidos, vistas las cosas en perspectiva, a profundizar este vínculo y esta convergencia en busca de realizaciones más amplias y más profundas.

Con Chile se ha desarrollado –como con Brasil- una interesantísima y promisoria relación cooperativa y de convergencia en el campo de la seguridad. Desde la definitiva superación –en el decenio de los 90- de los diferendos limítrofes, se ha ido avanzando a paso sostenido y decidido. Convergencia y cooperación son también firmes y operantes en la actualidad. Se coordinan políticas en materia de seguridad hemisférica y regional, hay participación combinada en operaciones de paz de Naciones Unidas, se ha establecido –con el apoyo de CEPAL- una metodología común de medición del gasto en defensa, con el objeto de ganar en transparencia, etc. No existe, como con Brasil, una declaración formal de alianza estratégica pero existen sí avances muy elocuentes.

En síntesis

Argentina deposita sus mayores esfuerzos en el desarrollo de una convergencia cooperativa en materia de seguridad con Brasil y Chile, lo que implica decir Mercosur y/o Mercosur ampliado. Existe la expectativa de que con el tiempo se afiance una arquitectura ABC capaz de proveer recursos para la estabilidad y la paz de la subregión y del subcontinente (Sudamérica) y de participar comprometidamente en la gestión de la paz y la convivencia a escala internacional. Campea la esperanza de que dicha arquitectura colabore firmemente en la construcción de una identidad de cooperadores activos y responsables con la gestión de la estabilidad y la paz a todos los niveles (subregional, subcontinental, continental e internacional), y al mismo tiempo favorezca la obtención de los márgenes de autonomía que necesitan nuestros países para desarrollarse adecuadamente.

En materia hemisférica procura redefinir en términos adecuados y maduros su relación con los Estados Unidos. Asimismo, el panorama de fragmentación y heterogeneidad existente a nivel continental –que se ha esbozado precedentemente- incide sobre la inclinación de la actual administración a no colocar esa dimensión en un plano prioritario. Hay decisión en el sentido de cooperar y prestar toda la colaboración que sea posible a escala continental, pero no se esperan a este nivel logros mayores ni se deposita mayor expectativa.

Ernesto López