Integración y seguridad en el Cono Sur

La nueva estructuración en la defensa de la región confirma la tendencia de los ’90. En América Latina, el norte aparecerá como una esfera de seguridad de los Estados Unidos, mientras que el sur devendrá en su área de influencia, explicó la directora del CEB, Mónica Hirst, en un seminario organizado por el CARI al promediar 2003, en el que se refirió además a las contradicciones a que se ve sometido Brasil en su esquema de seguridad.


En un seminario organizado por el Instituto de Seguridad Internacional y Asuntos Estratégicos del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales de Buenos Aires, Mónica Hirst se explayó sobre lo que aparecería como una tendencia a partir de la segunda mitad de los años 90 en el ámbito hemisférico, y pasaría a profundizarse e instalarse como una nueva estructuración de la realidad regional. La diferenciación entre el norte y el sur de América Latina se consolidó en el ámbito económico-comercial con el NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte). A partir de fines de los años 90 y sobre todo después del 11 de septiembre se tornó más claro que esta diferenciación entre el norte y el sur aparecería también en el ámbito de la seguridad.

Hirst se refirió a la ambigüedad y la situación compleja de superposición de nuestra realidad sudamericana tanto como una esfera de influencia de Estados Unidos como la de un proceso de construcción de una comunidad pluralista de seguridad.<

A pesar de existir iniciativas comunes alrededor de la agenda de seguridad regional, la especialista en estrategia sostiene que en el ámbito sudamericano “no está para nada claro si existen o no condiciones para pensar en consensos en cuanto al marco conceptual de la política de seguridad de nuestros países. En otras palabras, si estamos en condiciones de construir un consenso que refuerce el concepto de seguridad colectiva abrazados incluso al TIAR como el régimen de seguridad más claramente identificado con este concepto, o si pensamos en orientarnos hacia el concepto de seguridad cooperativa”.

Con respecto al tema de Colombia, aunque se trata de un tema de todos, su expresión como amenaza es extremadamente diferenciada en Sudamérica. Se trata realmente de una problemática, de una situación de turbulencia y conflicto nacional, que nos afecta a todos pero de una manera absolutamente distinta a cada uno.

En cuanto al tema de Brasil y el hecho de que se lanza en un proyecto de conducción, su desarrollo va a depender enormemente del futuro de sus relaciones con la Argentina. Lo que está en juego es justamente “la definición de este proyecto de conducción con un sentido anárquico o un sentido comunitario”, explica Hirst.

Del lado brasileño, esta construcción vinculada a un proyecto de consolidación de una relación positiva con Argentina significa “abrir mano” también de un conjunto de prerrogativas, y de la vinculación positiva entre el ámbito de los intereses nacionales de defensa y de seguridad regional. Y aquí hay un problema complejo del lado brasileño, que es que la política de defensa de Brasil en este momento aparece de una manera muy diferenciada entre el sur y el norte del país. Hacia el sur Brasil ha desarrollado una política de defensa con fuertes rasgos institucionalistas, totalmente subordinado a una política de cooperación y de construcción de medidas de confianza con sus vecinos del sur, principalmente con Argentina. Mientras que en el norte, su política de defensa refuerza todas las premisas de las políticas nacionales de defensa territorialistas vinculadas y motivadas por la preocupación con la soberanía de la región amazónica y donde claramente la concepción más institucionalista aparece como fuertemente contenida. Cómo articular estas dos vocaciones de la política de defensa de Brasil es claramente uno de los desafíos que el país enfrenta en este momento, sostuvo Hirst. (Versión completa en Dossier abril de 2004).

MABC