¿Hacia un sistema de seguridad de América del Sur?

Tres reuniones relacionadas con el diseño de la defensa regional se produjeron en en el mes de setiembre en distintas ciudades de América del Sur. En una extensa nota, el director del Centro de Estudios Nueva Mayoría, Rosendo Fraga, realiza un exhaustivo análisis de los avances producidos en los encuentros de ministros de Defensa de la región Andina-Amazonia de Lima, en donde el tema del narcoterrorismo fue central; la reunión de Jefes de Ejércitos de los países del Mercosur ampliado desarrollada en Bariloche, en la que se pergeñó la creación de un futuro "Estado Mayor Conjunto Regional". Concluye con el cónclave de Ministros de Defensa de toda América del Sur, en la que se delineó una posición común de cara a la conferencia anual de Ministros del continente americano que se reunirá en noviembre en la capital de Ecuador. Fraga concluye en su análisis que el debate sobre los pasos para la articulación de un sistema de defensa regional en América del Sur como ha comenzado a discutirse en estas reuniones del área, debe contemplar además de las amenazas, el análisis de la interoperatividad entre las fuerzas de la región, para desplegar las capacidades que los medios militares pueden ofrecer.


América del Sur como región

América Latina, Ibero América y América del Sur, son términos diferentes, pero que muchas veces se utilizan análogamente.

El análisis del contenido de los mensajes presidenciales al Congreso sobre política exterior del último siglo y medio -desde que el país se organizó constitucionalmente en 1853- corrobora el uso alternativo, y a veces análogo, de los términos. América del Sur es mencionada en seis oportunidades, comenzando a finales del gobierno de Sarmiento y terminando en 1991 en la primera presidencia de Menem. Hay referencias a Sudamérica –que quiere decir lo mismo- veinticinco veces, desde la presidencia de Urquiza en 1858 hasta el primer mandato de Menem en 1995. Es así como se registran treinta y una utilizaciones de ambos términos en el período.

Latinoamérica se encuentra veinticinco veces en los mensajes presidenciales al Congreso en el contenido sobre relaciones exteriores, comenzando en la presidencia de Frondizi y concluyendo en la de De la Rúa. América Latina -que es el mismo término- está en otras veintiséis oportunidades. Empieza en la presidencia de Frondizi y se usa hasta la de De la Rúa. En consecuencia, hay cincuenta y una menciones a América Latina o Latino América.

Pero también hay ciento veinte referencias a América. Si bien este término comprende a los EE.UU. y Canadá, en el siglo XIX a veces era utilizado para definir a América Latina.

De cualquier manera es claro que el término América del Sur se usó en el lenguaje público argentino desde 1853, mientras que América Latina recién se incorpora como tal desde la presidencia de Frondizi.

La percepción de que México y América Central se ubican en una clara esfera de influencia de los EE.UU., no es nueva ni surge a partir del NAFTA. Tampoco lo es la dimensión “sudamericana” que Brasil parece prioritar en su política exterior. En cambio el término “América Latina”, hoy tan difundido, es empleado recién desde mediados del siglo XX.

La diferencia entre América Latina y América del Sur es clara y tiene entidad geográfica y una frontera fáctica que es el Canal de Panamá.

Pero la que existe entre América Latina e Iberoamérica tiene una entidad histórico-cultural. Mientras en el primer término se incluyen a las posiciones francesas en el continente -Haití, Guayana, etc.- el segundo comprende sólo a los países de origen hispano y portugués. En el caso de Hispanoamérica, se excluye a Brasil, que es la mitad de América del Sur.

Tanto la denominación América Latina como Iberomérica excluyen además de los Estados Unidos y Canadá, los países anglófilos del Caribe.

Pero en la realidad concreta de hoy, nos encontramos que cuando hablamos de una política sudamericana o una latinoamericana, la diferencia concreta es que el primer término excluye a México, Centro América y Caribe mientras que el segundo los incluye.

La dimensión sudamericana tiene una entidad ante todo geográfica y una realidad económica y comercial, a lo que se agrega una menor influencia global de los Estados Unidos, que la registrada al norte del Canal de Panamá.

A su vez la dimensión latinoamericana tiene una entidad histórica y cultural y hoy una proyección política. Pero si analizamos los temas de seguridad regional, la dimensión Sudamericana parece hoy predominante.

El debate sobre la seguridad regional

El 3 de septiembre en Lima, se reunieron los Ministros de Defensa de los países de la región Andina-Amazonia. Participaron Brasil, Perú, Colombia, Ecuador y Bolivia, con el objetivo de analizar los temas de seguridad hemisférica, la cooperación y la coordinación de acciones frente a las amenazas comunes en materia de seguridad. El Ministro brasileño, José Viegas Filho, señaló como una cuestión central la necesidad de hacer frente a las actividades ilícitas fronterizas en materia de narcotráfico y terrorismo y su vinculación con la pobreza y la corrupción, lo que implica dar una respuesta regional a los pedidos de cooperación que viene planteando el Presidente de Colombia, Álvaro Uribe para enfrentar los problemas de seguridad de su país. Fue el Ministro colombiano, Jorge Uribe, quien precisó que el narcoterrorismo es la mayor amenaza de seguridad para los países de la cuenca del Amazonas. Señaló también que si bien no hay todavía operaciones militares conjuntas sí hay estrechos lazos en materia de inteligencia ante la conciencia de que se enfrenta un enemigo común. Por su parte el Ministro peruano, Roberto Chabria sostuvo que se logró acordar una estrategia común, destacando que días antes había visitado Bogotá para intercambiar experiencias y coordinar las acciones en la frontera entre los dos países. Participó del encuentro también el Ministro de Defensa de Bolivia, Gonzalo Arredondo y el vicealmirante Hugo Rosero en representación del Ministro del Ecuador.

Entre el 8 y 9 de septiembre, se encontraron en la Patagonia argentina, los Jefes de los Ejércitos de los países del Mercosur ampliado. El encuentro se realizó en Bariloche, con la presencia de los jefes de los cuatro ejércitos del Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay) y los dos países asociados al grupo (Chile y Bolivia). Asistió el Ministro de Defensa argentino, José Pampuro, quien anticipó que si bien todavía está planteado crear un “Estado Mayor Conjunto Regional”, se darán pasos en la dirección de ir conformando un sistema de Defensa Regional, creándose para ello una “Secretaría Permanente”. Por su parte el Comandante en Jefe del Ejército chileno, General Juan Emilio Cheyre Espinosa, sostuvo que si bien la creación de un sistema de Defensa Regional debe definirse en el marco de la política exterior en el más alto nivel, “nuestra presencia aquí en Bariloche demuestra que la voluntad de integración del Mercosur más Chile va mucho más allá de lo económico y eso es muy importante”.

El 13 de septiembre, se reunieron en Buenos Aires, los Ministros de Defensa de toda América del Sur. El objetivo del encuentro fue delinear una posición común para la conferencia anual de Ministros del ramo del continente americano, que se reunirá en noviembre en la capital de Ecuador. Participaron los ministros de Brasil (José Viegas Filho), de Chile (Michelle Bachelet), de Uruguay (Yamandú Fau), de Paragauay (Roberto González Segovia), de Bolivia (Gonzalo Arredondo Millán), de Argentina (José Pampuro) y el viceministro de Ecuador, (Jaime Ambrosio Andrade), quien tiene a su cargo la coordinación de las Cumbres de Ministros de Defensa que se realiza en noviembre en Quito. No asistieron los Ministros de Colombia, y Perú, quienes estuvieron en el encuentro realizado en Lima la semana anterior, ni el de Venezuela. Se analizaron temas como las amenazas a la seguridad regional incluido el terrorismo, los ejercicios militares internacionales que se están realizando en la región y la situación de la Junta Interamericana de Defensa (JID), el rol de la fuerza de paz en Haití que está integrada por efectivos de los países del Cono Sur, además de definirse la posición para la “Cumbre Hemisférica” de noviembre.

La reunión inicialmente iba a ser de América del Sur, pero en los hechos terminó siendo del Mercosur “ampliado”. Respecto a la reunión de Ministros de Defensa de continente que tendrá lugar en noviembre, acordaron llevar una posición tendiente a apoyar que las Fuerzas Armadas de la región continúen participando en fuerzas de paz como lo están haciendo en Haití, pero contraria a un rol activo en cuestiones de seguridad interior, como en alguna medida lo viene impulsando Washington en función de su prioridad en la lucha contra el terrorismo.

Las acciones tendientes a avanzar hacia una agenda común de temas para la defensa de América del Sur, parecen ponerse en marcha así a partir de septiembre. La experiencia de la integración europea mostró que comenzó por la defensa -la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)- siguió por lo económico -el Mercado Común Europeo- y culminó con lo político -la Unión Europea-. En el caso de América del Sur, el primer paso ha sido económico y comercial, el Mercosur y la Corporación Andina de Naciones en los noventa y ahora al comenzar el siglo XXI el acuerdo comercial de América del Sur. Paralelamente, se ha ido avanzando en documentos y compromisos políticos y en acuerdos de cooperación en el campo de la defensa. Pero no sería extraño que en América del Sur se dé algún tipo de integración en el campo de la defensa, antes de llegar al plano de la unidad política.

Cabe recordar que en lo comercial, se acaba de firmar el acuerdo de integración entre el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones, creando así un espacio sudamericano en términos económicos, con 330 millones de personas. Pero la realidad muestra que hay dos situaciones estratégicas diferentes entre los países del Cono Sur, como Argentina, Chile y Uruguay, para los cuales no tiene sentido la participación militar en cuestiones de seguridad interior y países como Colombia, Perú, Ecuador y eventualmente Bolivia, para los que el narcotráfico y la insurgencia, sí pueden requerir la intervención militar. Frente a esta dualidad, Brasil parece participar en ambas, dado el rol asumido en la reunión de Ministros de la región Amazonia-Andina en Lima el 3 de septiembre y en las de titulares de Defensa del Mercosur ampliado en Buenos Aires diez días después.

Las capacidades militares

En los comienzos del siglo XXI, hay dos conceptos centrales respecto al funcionamiento del poder militar. Uno de ellos es el de las capacidades, es decir qué es lo que se puede hacer con los medios que dispongo. El otro es el de la interoperabilidad, que significa la aptitud que tienen las Fuerzas Armadas de cada país para actuar en forma combinada con las de otros países.

Tomando los datos del Balance Militar de América del Sur, realizado por el Centro de Estudios Nueva Mayoría, podemos presentar un análisis de conjunto sobre los medios militares de América del Sur.

Comenzando por el gasto, los casi 20.000 millones de dólares que América del Sur gasta en defensa por año, representa el 4% de lo que gasta EE.UU., la mitad de Francia, lo mismo que Arabia Saudita y un 50% de lo que gasta la India. La región gasta en promedio el 2% del PBI en el rubro militar, siendo el más bajo del mundo en estos términos y hay casi un millón de hombres en las Fuerzas Armadas de América del Sur.

En el caso del componente militar terrestre, en conjunto todos los países de la región tienen 1.268 tanques de batalla, 701 tanques ligeros, 1.043 vehículos de exploración blindada y 2.109 vehículos mecanizados.

En artillería tienen 1.234 cañones de 105 milímetros o menos, 497 cañones de más de 105 milímetros y 90 baterías lanzacohetes. Las fuerzas aerotransportadas y helitransportadas de la región cuentan con 375 helicópteros y 138 aeronaves.

En el naval hay 26 submarinos en las armadas de América del Sur, un solo portaaviones -el Sao Paolo de Brasil comprado a Francia- un crucero, 7 destructores, 29 fragatas y 30 corbetas, lo que hace un total de 68 buques de superficie. La aviación naval de los países de la región tiene un total de 44 aviones de ataque, 71 aviones de exploración, 81 helicópteros y 6 aviones de otros tipos. En la capacidad anfibia de las armadas se cuentan 47.960 infantes de Marina, 25 vehículos anfibios, 154 vehículos mecanizados, 60 tanques y vehículos de exploración blindada y 18 buques anfibios.

A su vez el componente aéreo de los países sudamericanos sumados reúne 95 caza interceptores, 311 caza bombarderos, 236 aviones de ataque, 169 de ataque ligero y 8 bombarderos, totalizando 819 aviones de combate. En la aviación de transporte, se cuentan 81 aviones de transporte pesado, 76 de transporte liviano, 70 de transporte ligero y 13 cisternas, totalizando 247 aviones. También integran las Fuerzas Aéreas de la región, 517 helicópteros.

Pero todos estos medios militares dependerán de su interoperatividad, para poder generar una adecuada capacidad.

Por esta razón, el debate sobre los pasos para la articulación de un sistema de defensa regional en América del Sur como ha comenzado a discutirse en septiembre en la reunión de Ministros de Defensa de la región Andina-Amazonia realizada en Lima, la de los jefes de los Ejércitos del Mercosur ampliado que ha tenido lugar en Bariloche y el encuentro de los Ministros de Defensa de estos mismos países que acaba de tener lugar en Buenos Aires, debe contemplar además de las amenazas, el análisis de la interoperatividad para generar las capacidades militares que estos medios pueden ofrecer.

Al respecto, resulta de interés el documento “Una política de defensa española para Europa” del Real Instituto Elcano, que al analizar la inserción española en el contexto de la construcción de un sistema de defensa europeo, aporta elementos por demás interesantes para el debate de la construcción de un sistema regional de defensa en América del Sur.

Rosendo Fraga, director CENM