La incorporación de Venezuela al MERCOSUR

El ingreso definitivo de Venezuela al MERCOSUR, formalizado desde el mes de julio del año 2006, ha generado un fuerte impacto para los diferentes socios del bloque económico en ámbitos que van desde lo político hasta lo estrictamente comercial. Poder capitalizar la entrada del nuevo miembro pleno del bloque y transformarlo en un real incremento del peso relativo del bloque en términos de desarrollo será la prueba de fuego del MERCOSUR, señala Norberto Pontiroli* en un trabajo cuyos principales tramos se reproducen a continuación.


Luego de que, por muchos años, reconocidos especialistas enmarcaran al proyecto de integración bajo un proceso de crisis, la entrada de Venezuela como miembro pleno del bloque parece demostrar que todavía existe la voluntad política para revitalizar al MERCOSUR. La capacidad organizacional que muestre el bloque para acoger en su seno a un nuevo miembro, que tiene la obligación de readaptar su legislación interna a las normativas y regulaciones establecidas por la Organización, será una prueba fehaciente de la habilidad futura para continuar con el proceso de integración, no sólo en lo económico-comercial sino también en lo político-institucional.

Desde su fundación, instrumentada por el Tratado de Asunción del año 1991, el MERCOSUR experimenta por primera vez en su historia, el ingreso de una nuevo miembro pleno. En este sentido, el Protocolo de Adhesión de Venezuela al MERCOSUR (Acuerdo que formaliza la decisión de ampliación del bloque por la entrada de un nuevo socio) es a la vez una gran oportunidad y un enorme desafío para el futuro. Este proceso será, en el mediano plazo, un notable indicador de la solidez y madurez de la estructura institucional del bloque para enfrentar los desafíos que representa la posibilidad de incorporar nuevos socios.


Tiempos de bonanza, oportunidades y ventajas de la incorporación venezolana

Sin lugar a dudas, la expansión del MERCOSUR presenta una coyuntura inmejorable para incrementar el peso relativo de la Organización en el plano regional, hemisférico e internacional. Con la incorporación de Venezuela, el bloque ha pasado a representar más del 65% de la población de América del Sur y casi el 80% del PBI de Latinoamérica (cifra que asciende a un monto similar al PBI de la República Federal Alemana, quinta economía mundial). Estos números, en términos de atracción de inversiones e incremento del comercio intra-regional, resultan altamente atractivas y, al mismo tiempo, reinician un ciclo que hasta hace muy poco parecía irrisorio: dotar de un renovado impulso la extensión del proceso de integración regional.

La Administración del Presidente Kirchner ha mostrado un marcado pragmatismo en lo que hace a la relación bilateral con un socio que se presenta como un aliado estratégico en términos de fuente de financiamiento internacional, proveedor energético y mercado de creciente valor agregado para las exportaciones de productos argentinos, más allá de las diferencias del gobierno argentino, en relación con la política exterior del líder bolivariano.

En términos energéticos, Venezuela ha sido un importante socio de la Administración Kirchner. A través del envío de buques de fuel-oil y gas-oil, el gobierno bolivariano ha permitido paliar crisis de abastecimiento de energía experimentadas por el incremento de la actividad económica nacional (y que, por supuesto, se explican por la falta de inversión evidenciada en ese sector de la economía argentina). Asimismo, para el MERCOSUR, la incorporación de Venezuela significa un importante avance hacia la autosuficiencia energética. En este sentido, cabe resaltar que el nuevo socio dispone de la reserva de petróleo más importante del continente americano (y sexta en importancia a nivel mundial) y cuenta también con abundantes reservas de gas. En función del aprovechamiento de dichas ventajas, los gobiernos de la región han comenzado a pensar en proyectos conjuntos como la construcción del mega-gasoducto y la integración de las empresas petroleras nacionales.

Por otra parte, las estrechas relaciones bilaterales con Venezuela han mostrado réditos considerables para el Estado argentino en términos de financiamiento. Luego de la cancelación de la deuda con el FMI por adelantado, la Argentina ha perdido el acceso a una de las fuentes de créditos externos con las tasas de interés internacionales más reducidas. En gran parte, la colocación de deuda en el extranjero ha sido el mecanismo gubernamental para enfrentar esta carencia (que, a corto plazo no significa un riesgo, considerando las moderadas necesidades de financiamiento; pero pueden ser devastadoras a largo plazo), en la que, sin lugar a dudas, Venezuela ha tenido una participación más que importante, adquiriendo más de 3.600 millones de dólares de títulos de la deuda local (que ha sido también un excelente negocio para los bancos venezolanos, país en donde la administración pública ejerce un “estricto” control de cambio).

Por último, el ingreso del país caribeño al MERCOSUR reviste de un futuro promisorio en lo que hace a las relaciones comerciales y la potencial colocación de productos argentinos en un mercado de consumo altamente atractivo. Niveles de ingreso considerablemente altos, complementariedad de las estructuras económicas y progresiva reducción de aranceles parecen ser una combinación perfecta para que la Argentina, así como también el resto de los miembros del bloque, gocen de ventajas comparativas frente a terceros países para el acceso al mercado venezolano. En ese sentido, la creciente competitividad argentina en sectores no tradicionales de exportación relacionados al sector industrial, sumado a los beneficios de la integración económica y aproximación política, representan una chance innegable para agregar valor a las exportaciones de nuestro país.

La otra cara de la moneda: desafíos y amenazas

Uno de los puntos fundamentales a considerar es el enorme desafío que se presenta en la distribución de poder al interior del bloque. El tema del liderazgo regional ha sido históricamente, en especial para la Argentina y Brasil, generador de tensiones. Más allá de que las percepciones mutuas parecen haber evidenciado grados mayores de confianza entre los dos socios mayores del bloque, la incorporación de un nuevo Estado con pretensiones de liderazgo puede alterar el status quo regional. En este sentido, una vez más resulta imprescindible diferenciar las afinidades políticas y objetivos de grandeza particulares en un proceso de integración que, de ser encarado responsablemente, puede representar enormes beneficios para los socios, especialmente en el caso de los miembros menores, que desde hace tanto tiempo reclaman abordar con mayor eficacia las asimetrías al interior del bloque.

Finalmente, la calidad institucional del MERCOSUR será también una prueba difícil con la nueva ampliación del bloque. La historia del acercamiento y la integración latinoamericana se ha desarrollado siempre en función de las afinidades personales o ideológicas de los gobiernos de turno, sin embargo, un proyecto serio de creación de un mercado común (como lo pretende el MERCOSUR) no puede depender de dichos factores para lograr el éxito. Así, generar instituciones regionales capaces de dar continuidad al proceso de integración y dotarlas de capacidades para adaptarse a las nuevas dinámicas de incorporación de nuevos miembros, será fundamental para consolidar el bloque; la institucionalidad es el eje fundamental en el que debe trabajar el MERCOSUR.

Conclusiones

Ante todo, es importante destacar que Venezuela es miembro pleno del MERCOSUR, pero su status jurídico (estrictamente) se encuentra en un estado intermedio. El protocolo de Adhesión, para entrar en vigencia plena, debe ser ratificado por los Congresos de todos los Estados parte del bloque, hecho que hasta la fecha sólo ha consumado la propia Venezuela y Uruguay. En este sentido, aunque no es de esperar que haya sorpresas en el futuro cercano, todavía no ha sido ratificado formalmente por Paraguay, Brasil y la Argentina. Al mismo tiempo, desde la perspectiva comercial, el país bolivariano tampoco aplica todas las regulaciones del MERCOSUR sino que recién se ha comenzado a negociar el calendario de liberalización comercial (actualmente, el comercio bilateral es regulado por un acuerdo firmado entre MERCOSUR y Venezuela, Colombia y Ecuador, conocido como ACE 59) que plantea lograr el libre comercio para el año 2014.

Aclarado este punto, podemos afirmar a modo de conclusión que el ingreso de Venezuela al MERCOSUR, como todo proyecto de expansión, es una gran oportunidad y a la vez una incógnita. En tanto que los Estados parte sean capaces generar una estructura institucional flexible, con capacidad de adecuación a las nuevas dinámicas que implica el ingreso de un nuevo socio, la incorporación de Venezuela puede ser un rotundo éxito y puede a la vez incentivar al resto de los vecinos de la región a sumarse al proceso de integración. Sin embargo, si las bases de esta ampliación se sientan en afinidades personales e identificación ideológica, el MERCOSUR corre un serio riesgo de estancarse nuevamente y perder toda credibilidad como actor de relevancia creciente en la economía internacional.




* Norberto Pontiroli es Licenciado en Relaciones Internacionales de la Universidad del Salvador, donde se desempeña como docente e investigador. Ha colaborado como investigador para Entes de prestigio tales como UNESCO, el Gobierno de Japón y la Fundación Okita; y realizó cursos de especialización en la República de China (becado por el ICDF del gobierno taiwanés) y Brasil (financiado por la Universidad Georgia Tech. de los Estados Unidos).

Norberto Pontiroli