La visión integracionista de Francisco de Miranda.

Las nuevas repúblicas y el modelo de gobierno federalista de Montesquieu. La particular visión integracionista de Sebastián Francisco de Miranda. La Americanidad. La Federación como construcción colectiva a partir del poder soberano de los ciudadanos.


La visión del gobernante de la primera República de Venezuela en 1812, junto a la del libertador Simón Bolívar, con quien compartió el proyecto independentista de Venezuela, ha generado no pocas controversias a nivel mundial.

Es de resaltar que ninguno de los dos grandes próceres venezolanos, ni Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez Espinoza, ni Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar Ponte y Palacios Blanco, utilizaron el término ‘integración’, tal como lo hacemos en la actualidad.


En aquella época, se manejaban los conceptos de ‘unión’, ‘confederación’, ‘centralización’; usadas frecuentemente por ambos en sus respectivos manuscritos, pero no siempre en el mismo sentido. En este trabajo analizaremos el poco difundido pensamiento de Francisco de Miranda, para dedicarnos a Simón Bolívar en notas posteriores.

Las declaratorias de independencia en las colonias hispanoamericanas del siglo XVII coinciden con la aparición del republicanismo y del Estado moderno en el mundo occidental. Fuera de la monarquía parlamentaria británica, dos experiencias iniciales se presentaban como modelo para las Juntas de Gobierno que se constituyeron en las colonias hispanoamericanas.

Por un lado, la Revolución Francesa, con su declaratoria de los Derechos del Hombre y del Ciudadano y la emergencia del Tercer Estado, es decir, burgueses y comerciantes como nuevos detentores del poder. Y por el otro lado, el modelo federal norteamericano, que permitía a cada una de las regiones mantener intacta su autonomía interna en tanto se asociaban para crear un Estado único sólo en aquello que concernía a las relaciones del conjunto con el resto del mundo.

Fue este último modelo el que fue asumido casi de manera automática por las oligarquías locales en América, por razones que en el caso de Venezuela quedaron en evidencia en los debates del Congreso Constituyente de 1811, que giraron más alrededor de la preservación de privilegios y el control del poder local, que de la propia independencia frente a España.

En sintonía con estos intereses, los criollos acomodaron la forma de gobierno federalista esbozada por Montesquieu:

“Esta forma de gobierno [la república federativa] consiste en un convenio, según el cual, varios cuerpos políticos consienten en convertirse en ciudadanos de un Estado mayor que se proponen formar. Se trata de una sociedad constituida por otras sociedades y susceptible de ir aumentando en virtud de la unión de nuevos asociados ... Compuesta por pequeñas Repúblicas, goza de la excelencia del Gobierno interior de cada una, y, respecto al exterior, tiene todas las ventajas de las grandes Monarquías en virtud de la asociación” (Montesquieu, De l’esprit des Lois: IX, 1).

La fórmula había sido aplicada en los Estados Unidos al constituirse las colonias en república y de la que también Miranda se había hecho eco, aunque con otras derivaciones.

La propuesta federalista de Montesquieu pretendía ser un modelo eficaz para extender la esfera del gobierno popular y reconciliar la participación republicana con la seguridad que implicaba la monarquía. En la clasificación que éste presenta de las diversas formas de gobierno, la monarquía se caracteriza por una mayor extensión de territorio, una mayor recaudación de tributos y por tanto, por mayores recursos para mantener un gran ejército para su defensa; cuestión que no podían asegurar las pequeñas repúblicas que se iban conformando. De allí que la asociación se presente como la fórmula política idónea para los nuevos Estados en formación.

Esta liga o asociación debía formarse entre estados de naturaleza semejante, especialmente entre repúblicas; la federación constituye en los hechos una república de repúblicas, a la manera de las ligas antiguas donde la ciudadanía descansaba sobre los cuerpos políticos que las constituían y no sobre los individuos. En este tipo de organización, el gobierno general no podía tener jurisdicción directa sobre aquellos sino a través de la mediación obligada de los estados que lo componían. Fue éste el vínculo institucional que establecieron los primitivos estados norteamericanos hasta que Alexander Hamilton y James Madison comprendieron que una asociación de este tipo haría imposible un verdadero gobierno nacional.

Francisco de Miranda, quien fue sin duda el primero en pensar la americanidad a nivel continental como principio diferenciador y fundante de derechos y, por la misma razón, en la integración en una sola nación de todos los pueblos que componen la América hispana, va a pensar la federación como construcción colectiva a partir del poder soberano de los ciudadanos. Son estos ciudadanos los que en elecciones libres escogerían a los miembros de los Cabildos, instituciones que en el proyecto de Miranda se convertirán en las unidades políticas fundamentales sobre las cuales se apoyará el resto de la estructura jurídico-política de la nación continental.

Como prueba de que la soberanía reside verdaderamente en el pueblo y a fin de asegurar su real participación, Miranda comienza por declarar ciudadanos a todos los nacidos en América, sin importar color de piel o clase social, y aunque mantiene el voto censitario, su proyecto constitucional hace a los americanos propietarios, al estipular que se otorguen tierras a indios, libertos y pardos sin fortuna, a fin de garantizar sus derechos políticos.

Con este objetivo en mente y tomando también como base la relación establecida por Montesquieu entre extensión de territorio y forma de gobierno, Miranda comienza a buscar una fórmula nueva de gobierno continental que garantice, por una parte, la preservación de la autonomía de las diferentes villas y regiones – lo que continúa siendo hoy el principal obstáculo para la integración – pero que al mismo tiempo asegure el establecimiento de “una sana y juiciosa libertad civil”, una eficiente administración de las finanzas y una potenciación y complementariedad en el uso de los recursos propios; todo ello combinado con una efectiva defensa del territorio ante cualquier amenaza externa.

Esta unidad política, que Miranda extiende a toda la América Meridional, habría de sustentarse sobre una estructura jurídica común, establecida por consenso y en cuya elaboración participarían todas las instancias de gobierno, tanto locales como provinciales.

Cabe destacar que Miranda ve a la América unida estableciendo alianzas de larga duración con los Estados Unidos y con Inglaterra, tanto de carácter militar a fin de contener “la ambición destructiva y devastadora del sistema francés”, como también financieras y comerciales: la integración americana es propuesta, entonces, por Miranda no solamente como condición de existencia para unas colonias que se han independizado, sino también como vía de recuperación del retardo que en el progreso mundial le habían ocasionado los tres siglos de dependencia colonial.

Es decir, Francisco de Miranda piensa esta unión en su sentido auténtico de voluntad de conjugar esfuerzos para construir una nueva entidad, una sola nación que llegara a ser, como le gustaba decir, un cuerpo preponderante en el mundo que por su importancia contribuyera a mantener el equilibrio de poder en el globo. Es por otra parte también este diplomático y militar, el primero en asociar unidad cultural y proyecto político de emancipación, y lo hace tempranamente a fines de 1783, cuando forja el nombre de Colombia para esa nación continental liberada.

BIBLIOGRAFÍA

Parafraseando a Miguel Acosta Saignes y Utopía del hombre de las dificultades, Ediciones Casa de las Américas, la Habana, 1977 (Libro galardonado con el premio Extraordinario ¨Bolívar en Nuestra América¨

Universidad de Los Andes. Procesos Históricos. Revista Semestral de Historia, Arte y Ciencias Sociales. Número 10. Julio 2006. Mérida-Venezuela.

José Velásquez es Prof. Doctor en Defensa Integral de la nación /Magister en Seguridad, Defensa Integral e Integración. Josevela27@gmail.com

José Velásquez