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Política Externa, Defensa y Economía
Número 81
Marzo 2011
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16/6/2017  |  Félix Peña (*)
Hojas de ruta concretas e impulso político al más alto nivel

Es fundamental definir una dirección estratégica, que permita tener claros los objetivos a lograr en el corto, mediano y largo plazo, a fin de avanzar en forma creíble y sustentable, en el desarrollo de un acuerdo económico comercial integral latinoamericano.

La concertación de los países de la región que son miembros de la OMC, en el rediseño y perfeccionamiento de instituciones y reglas del sistema multilateral de comercio mundial, tiene que ser parte de la estrategia de cooperación e integración regional.

El pasado 21 de abril tuvo lugar en la sede de la ALADI, en Montevideo, una reunión con el objetivo de comenzar el abordaje de las bases para un acuerdo económico comercial integral latinoamericano, Contó con la participación de autoridades y expertos de diversos países de la región. También participaron representantes de la ALADI, CEPAL, SIECA y el BID – INTAL, que son las instituciones que tienen a su cargo llevar adelante esta iniciativa de Carlos Chacho Alvarez, el Secretario General de la ALADI. La reunión fue instalada por Rodolfo Nim Novoa, Canciller del Uruguay.

La idea de impulsar una iniciativa orientada a actualizar, ampliar y profundizar, los compromisos que han asumido los países latinoamericanos en materia de integración y cooperación económica, especialmente en el marco de la ALADI, ha adquirido una mayor relevancia teniendo en cuenta los desafíos y oportunidades que están planteando las nuevas realidades internacionales. Los hechos puestos en evidencia tras el Brexit y la elección de Donald Trump como Presidente de los EEUU, han contribuido a tornar más evidentes tales realidades y, en particular, sus potenciales efectos sobre el sistema comercial internacional.

En base a la experiencia acumulada en la región en materia de compromisos de integración y cooperación económica, y a fin de contribuir al necesario debate que al respecto debe desarrollarse en los países de la región y en sus instituciones, es posible avanzar sugerencias sobre algunos enfoques recomendables para el abordaje de cuestiones prioritarias para la elaboración de las mencionadas bases para un acuerdo económico comercial integral latinoamericano.

Al respecto sería fundamental definir una dirección estratégica -un norte-, que permita tener claro cuáles son los objetivos a lograr en el corto, mediano y largo plazo, a fin de avanzar en forma creíble y sustentable, en el desarrollo de un acuerdo económico comercial integral latinoamericano. Tales objetivos tienen que estar vinculados a los que han movilizado a los países miembros de la ALADI desde su creación en 1980, y que tienen que ver con crear un entorno regional de cooperación e integración, funcional a los objetivos de desarrollo económico y social de cada país y de la región en su conjunto, y en base a principios definidos en el Tratado de Montevideo. Asimismo, deben ser colocados en la perspectiva más amplia de los ya mencionados profundos cambios que se están operando en el sistema comercial mundial, con sus impactos en nuevos desafíos y oportunidades para cada país latinoamericano y para la región en su conjunto.

La concertación de la acción de los países de la región que son miembros de la OMC, para el rediseño y perfeccionamiento de instituciones y reglas del sistema multilateral de comercio internacional, tiene que ser parte de la estrategia de cooperación e integración regional.

La próxima Conferencia Ministerial de la OMC brinda una oportunidad para poner de manifiesto que la región aspirar a actuar en forma coordinada.

La multiplicidad de objetivos a alcanzar en el marco de esta iniciativa de la ALADI, y la dinámica de los cambios que se observan a nivel global y regional, requerirá una jerarquización de objetivos y de cursos de acción para su logro, y su continua revisión a fin de asegurar su adaptación a las nuevas realidades que vayan emergiendo en ambos planos.

La flexibilidad que se requerirá en los instrumentos que se apliquen, tendrá que ser compatibilizada con la previsibilidad necesaria para generar inversiones productivas en función de mercados nacionales insertos en el espacio regional. Una prioridad sería acordar distintas modalidades de salvaguardias y de válvulas de escape, que permitan, a la vez, preservar la previsibilidad que requieren las inversiones productivas y flexibilizar en lo necesario los compromisos asumidos, con alcance temporario y, eventualmente, con control por parte de instancias técnicas imparciales.

A su vez, conectar en forma sostenida los sistema económicos y productivos de los países de la región, requerirá intensificar la conectividad física, y la de las redes de transporte y de logística, entre los países comprometidos a lograr una mayor compatibilidad y convergencia de tales sistemas.

Una prioridad será la de generar incentivos para la convergencia de los acuerdos ya existentes y celebrados en el marco de la ALADI. Tendría que ser una convergencia hacia objetivos e instrumentos más avanzados.

Facilitación del comercio basada en el aprovechamiento de nuevas tecnologías de información, como también en el necesario clima de confianza entre todos los protagonistas de los intercambios comerciales transfronterizos; cooperación aduanera; comercio electrónico; mecanismos de acumulación de origen, en especial en función de acuerdos que se celebren con otros países o regiones; defensa comercial; propiedad intelectual; compras gubernamentales; comercio de servicios, cooperación técnica, son otras tantas cuestiones prioritarias a abordar por medio de la profundización de los acuerdos existentes o de los que se celebren hacia adelante.

Corresponde otorgar prioridad a distintas modalidades de acciones orientadas a reducir o a eliminar, el efecto restrictivo en el comercio entre países interesados, resultante de pronunciadas disparidades en sus respectivas normas técnicas y sanitarias.

Otra prioridad será la de encarar acciones entre países interesados y con condiciones de avanzar, para la promoción de corredores y encadenamientos productivos transnacionales y, en especial, de aquellos que permitan intensificar tendencias a la internacionalización o regionalización de las pymes.

No parece necesario que en las acciones orientadas a profundizar la integración regional, participen siempre todos los países de la ALADI o de la región latinoamericana en su conjunto. Por el contrario, la estrategia a seguir tiene que ser de geometría variable y de múltiples velocidades. Tienen que participar los países realmente interesados en avanzar hacia los objetivos que en cada caso se persigan. Pero tienen que estar abiertos a la participación de los países que inicialmente no consideran que pueden o que les convenga participar. Una función de la Secretaría de la ALADI sería procurar que la convergencia sea lo más amplia posible.

Una estrategia orientada a profundizar acuerdos que se celebren entre países de la  región requerirá: a) hojas de ruta que señalen pasos concretos a dar hacia las metas concretas fijadas y, en cada caso, los plazos comprometidos; b) un fuerte impulso político expresado al más alto nivel de cada país participante; c) una participación en las negociaciones de los respectivos sectores empresarios y sociales; y d) una amplia transparencia en las negociaciones, orientada a lograr la legitimidad social de las acciones que se emprendan. Tales requerimientos pueden ser considerados como condiciones necesarias para la construcción de espacios de integración regional que sean eficaces.

Los cursos de acción que se emprendan a fin de potenciar la inserción de las economías de la región en el entorno internacional, requerirán de un gran esfuerzo regional de inteligencia competitiva. En tal esfuerzo, la coordinación de la ALADI con los distintos organismos de alcance regional y, en especial con la CEPAL, la CAF, el INTAL-BID, el SELA –sin perjuicio de otros- puede ser fundamental.

En especial, la plena inserción de Cuba en un acuerdo económico y comercial integral latinoamericano, tiene que ser una prioridad. Ello permitirá darle a la iniciativa de la ALADI un sentido político y estratégico de relevancia actual para la región A tal efecto deberían profundizarse acciones orientadas a intensificar el intercambio de bienes, servicios y tecnologías, así como las inversiones, entre los países miembros de la ALADI que participen del acuerdo y Cuba, y a desarrollar múltiples modalidades de acciones de cooperación económica y tecnológica, incluyendo las orientadas a procurar la inserción de sus empresas en encadenamientos productivos de alcance regional.

 

Texto completo: www.felixpena.com.ar

(*) Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC; Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales - Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group.

 

 



[Félix Peña]
 

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