Del ABC al Mercado Común Sudamericano
BUSCADOR Buscar
Inicio
  TEMAS
Economía & Comercio Exterior 
Política Institucional 
Relaciones Externas 
Entrevistas 
Empresas & Negocios 
Seminarios & Eventos 
Turismo y Agenda Cultural 
Municipios y Desarrollo Regional 
CEFIR 
Unasur ABC 
Dossier

Política Externa, Defensa y Economía
Número 81
Marzo 2011
Suscripción al Dossier
"Temas del Cono Sur"


Dossier
Objetivos / Quienes Somos
Links de Interés
Medios y Publicaciones
Instituciones Académicas
Newsletters
Cómo anunciar en Mabc
Contacto
Inicio
 
Newsletter Gratuito
E-mail   




19/6/2015  |  Félix Peña *
Encadenamientos productivos transnacionales

Una asignatura pendiente a nivel regional, es la creación de condiciones que tornen viables múltiples modalidades de redes transnacionales que encadenen el desarrollo de bienes y servicios competitivos a escala global. Sin perjuicio de otros instrumentos que se puedan emplear, el marco institucional de la ALADI brinda algunas herramientas que pueden ser funcionales al objetivo de crear condiciones que incentiven estas distintas modalidades, sostiene Félix Peña en su newsletter de junio.

 
 

Detectar a tiempo las ventanas de oportunidad que se abren es relevante para la inserción de un país en el comercio mundial. Lo ha sido siempre. Pero lo es, sobre todo, en un contexto internacional de fuerte dinámica de cambio como es el actual. 

La densidad de los problemas que en lo inmediato suelen confrontar los países latinoamericanos (entre otros, debilitamiento del crecimiento económico; desigualdad social y pobreza; crimen organizado, violencia y corrupción; insatisfacción de los ciudadanos y problemas de legitimidad social; estancamiento en la movilidad social y pérdida de horizontes de futuro), suele dificultar la tarea de detectar a tiempo las oportunidades que van surgiendo. El corto plazo suele entonces predominar.

Ello es más cierto aún cuando en una sociedad, por múltiples y diferentes razones, predomina una cultura de apego al pasado. En todos los órdenes de la vida el pasado suele ser reconocido y valorado. Pero quedar pegado a él puede tornar difícil el detectar a tiempo las oportunidades que se presentan hacia el futuro. La nostalgia debilita la capacidad de visualizar nuevos horizontes. Es, por ejemplo, un desafío de hoy para países que tuvieron un papel protagónico en el sistema internacional de, por lo menos, las últimas seis décadas y que perciben un deterioro de su poder relativo y de su capacidad para generar en forma sustentable el bienestar de sus poblaciones.

En tal sentido, y como señalaba hace unos años la economista venezolana Carlota Pérez, en una conferencia en Buenos Aires, captar a tiempo los factores que inciden en desplazamientos de ventajas competitivas entre las naciones, requiere el predominio de aptitudes propias de cazadores de blancos móviles. Son desplazamientos que se originan, por ejemplo, en cambios geopolíticos, tecnológicos y culturales, o en la distribución del poder relativo entre los competidores e, incluso, entre las naciones. Eventualmente, ellos pueden tornar obsoletas estrategias y políticas orientadas al crecimiento y a un desarrollo económico sustentable. Lo experimentaron, en su momento, países latinoamericanos al intentar preservar algunas de sus estrategias industriales, especialmente aquellas basadas en una sustitución de importaciones que no implicaba un esfuerzo simultáneo de innovación y de desarrollo del progreso técnico. Algo en la línea de lo que Fernando Fanjnzylber llamaba “modernización de escaparate”.

Para un país –al igual que para personas, instituciones, empresas, deportistas, artistas-, las oportunidades implican desafíos de todo tipo. Uno de ellos es el saber detectarlas a tiempo. El otro es saber cómo aprovecharlas en beneficio del interés nacional y, en especial, de la sociedad en su conjunto. El primero implica afinar la capacidad de diagnóstico. El segundo un fuerte esfuerzo de organización y de articulación de todos los sectores involucrados, tanto en el plano público como en el empresario, en el social y en el académico.

Las anteriores son reflexiones pertinentes, tan pronto se tiene en cuenta el escenario de competencia económica global que probablemente confrontarán los países latinoamericanos en los próximos años. Por los menos en tres planos la combinación de oportunidades y desafíos estará presente. Uno es el del aumento de la población mundial, especialmente en Asia, África y la propia región latinoamericana y, en particular, el del crecimiento de los sectores de clase media urbana. El otro es el de los continuos cambios tecnológicos, con su incidencia en la producción de bienes, en la prestación de servicios y, en particular, en la conectividad global de países, mercados, competidores, consumidores, trabajadores y ciudadanos. Y el tercero es el del impacto de los dos cambios anteriores, en la gobernanza política y económica, tanto a escala global como de las distintas regiones. Son planos que tendrán una fuerte incidencia en valores, creencias, identidades, preferencias culturales e, incluso, en el poder relativo de naciones y de regiones.

Uno de los efectos prácticos de los cambios que se están produciendo y se seguirán produciendo, en los tres planos antes mencionados, es el de ampliar el horizonte espacial de las estrategias de inserción comercial internacional de cada país de la región y, por ende, de la región en su conjunto. Se está generando, en tal sentido, un escenario de competencia económica global y de redistribución del poder de las naciones, que requerirá el desarrollo de estrategias multi-regionales y dirigidas a intensificar el relacionamiento económico con todos los países y regiones del mundo.

Algunas de las principales asignaturas pendientes en la cooperación para la gobernanza económica regional entre las naciones latinoamericanas, requieren fuerte atención a la luz de hechos recientes, tales como los que evidencian el creciente protagonismo económico de China, el replanteamiento de las relaciones entre los EEUU y Cuba, y el reconocimiento por parte de los países del Mercosur y de la Alianza del Pacífico de la conveniencia de desarrollar una estrategia de convergencia en la diversidad (sobre este último punto, ver este Newsletter del mes de diciembre de 2014, en: http://www.felixpena.com.ar/index.php?contenido=negociaciones&neagno=informes/2014-12-avances-estrategia-regional-convergencia-diversidad).

Tres parecerían ser asignaturas pendientes que se pueden mencionar en el plano de la gobernanza económica regional. Una es la de adaptar instituciones y métodos de trabajo conjunto a las nuevas realidades económica y políticas que se han puesto en evidencia en la región y en el plano global. Es algo que ha adquirido fuerte notoriedad en los últimos tiempos en relación a lo que podemos denominar el “aggiornamiento del Mercosur –esto es, su puesta al día en cuanto a sus objetivos y metodologías-, como así también de otras instituciones de cooperación regional que reflejan realidades hoy muy superadas –esto es, que fueron concebidas y diseñadas en un mundo que en los hechos ya no existe-.

La otra es la de definir estrategias de negociaciones comerciales preferenciales con otras regiones, a la luz de lo que sea finalmente la evolución de las referidas a los eventuales mega-acuerdos interregionales, tales como el Transpacific Partnership (TPP) y el Trade and Investment Partnership (TTIP).

Y la tercera y quizás más importante, es la de crear condiciones que tornen viable el desarrollo de múltiples modalidades de redes transnacionales, que permitan encadenar a nivel regional y con proyección al mundo, la capacidad que los países desarrollen para producir bienes y prestar servicios que sean competitivos a escala global.

¿Qué enseña la experiencia acumulada en la región en cuanto al desarrollo de encadenamientos productivos transnacionales? Como se sabe, se trata de una experiencia relativamente pobre ya que las cadenas productivas transnacionales, en sus muy distintas modalidades, no han tenido en América Latina un desarrollo que sea comparable con el de otras regiones, como por ejemplo, la del Sudeste Asiático, América del Norte y Europa.

La experiencia acumulada en la región, sin embargo, permitiría extraer algunas conclusiones preliminares, sobre cuáles serían condiciones que de desarrollarse en los próximos años podrían facilitar el que se amplíe el tejido de redes productivas transnacionales en la región latinoamericana.

Las tres principales condiciones a desarrollar, parecerían ser las siguientes:

-Calidad y densidad de la conectividad entre los distintos espacios económicos nacionales, especialmente en América del Sur.
-Calidad de las reglas de juego que aseguren el acceso a los respectivos mercados y las condiciones en las que se desarrollen las inversiones productivas.
-Calidad de las estrategias nacionales y empresarias orientadas, tanto a promover mayor conexión, compatibilidad y convergencia entre los sistemas productivos de países de la región, como también a impulsar la asociación transnacional de empresas.

Un debate sobre las condiciones antes mencionadas y otras que puedan requerirse, parece fundamental a la hora de articular estrategias nacionales y regionales orientadas a aprovechar oportunidades que se están abriendo en el mundo para los países de la región. Es un debate que es recomendable concentrarlo en cómo generar condiciones que, a la vez, incentiven y brinden estabilidad para el desarrollo de múltiples modalidades de encadenamientos productivos que puedan desarrollarse en la región.


El marco de ALADI

Sin perjuicio de otros instrumentos que se puedan emplear, el marco institucional de la ALADI brinda algunos que pueden ser funcionales al objetivo de crear algunas de las condiciones que incentiven distintas modalidades de encadenamientos productivos transnacionales. Uno de ellos es el que establece la Resolución ALALC/CMC n° 2 de 1980, que establece el régimen de acuerdos de alcance parcial, especialmente a través de lo previsto en sus artículos 7° y 10°. Sus disposiciones permitirían, incluso, imaginar mecanismos creativos que generen mayor certidumbre a quienes inviertan en función del desarrollo de tales encadenamientos productivos, como también a quienes participen en su financiamiento.

La ALADI es, entonces, uno de los ámbitos apropiados para avanzar en el establecimiento de condiciones que permitan desarrollar encadenamientos productivos entre empresas de la región (ver al respecto distintas Resoluciones adoptadas desde su creación en 1980, tales como, por ejemplo, la 50 (X) de 1998; la 55 (XII) del 2002; la 59 (XIII) del 2004; la 62 (XIV) del 2008; la 73 (XV) del 2009, y la 79 (XVII) del 2014, en http://www.aladi.org/nsfaladi/juridica.nsf/vresolucionesconsejo). Cabe tener en cuenta que los compromisos arancelarios preferenciales que se asumen en el ámbito de la ALADI, se pueden compatibilizar con la normativa de la OMC en virtud de su Cláusula de Habilitación.

Es, por lo demás, un ámbito para avanzar en otros elementos importantes para una estrategia regional de desarrollo de encadenamientos productivos transnacionales, tales como los de la acumulación de origen y la facilitación del comercio.

 

Texto completo: www.felixpena.com.ar

(*) Director del Instituto de Comercio Internacional de la Fundación ICBC;  Director de la Maestría en Relaciones Comerciales Internacionales - Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF); Miembro del Comité Ejecutivo del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI). Miembro del Brains Trust del Evian Group.



[Félix Peña]
 

Inicio - Contáctenos - Objetivos - © Mercosur ABC - 2003 - 2015